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Premios Asturias de Arquitectura

Premios Asturias de Arquitectura: 1992-93, casa de Cultura de Nueva, pabellón Fidma y  Palacio Deportes Gijón

1992 Casa de Cultura Nueva de Llanes

La Casa de la Cultura en Nueva de Llanes, del arquitecto Andrés Diego Llaca, recibió el premio Asturias de Arquitectura en su X edición, años 1992-93.

La casa de la Cultura forma parte de un conjunto de edificaciones de carácter público con el que el Ayuntamiento de Llanes equipó al pueblo de Nueva, que incluye también el consultorio médico y un Centro para la Tercera Edad.

Se disponía para organizar este complejo, de un solar bastante irregular, lugar de encuentro entre la edificación tradicional de carácter rural y nuevos bloques de viviendas en hilera. Se ha pretendido que las construcciones proyectadas resuelvan este encuentro en la misma edificación, apoyándose en esta geometría para distribuir el programa y, regularizando los espacios exteriores, ordenar el trazado vial.

El consultorio médico, situado en el extremo este del conjunto, es por esta razón, un edificio de planta triangular. El acceso al mismo se produce a través de un pasaje peatonal que, cuando se complete la actuación, tendrá continuidad en otro previsto en la Casa de Juntas, lo que permitirá una comunicación directa de esta área con el centro del pueblo.

Pabellón Fidma

El edificio para el pabellón de Congresos y Exposiciones de la Feria internacional de Muestras de Asturias, de Andrés Diego Llaca y Estanislao Pérez Pita, se concibe como un gran cajón de vidrio y acero corten levantado sobre un zócalo de piedra.

Este cajón de 24×62 m de planta y 13m de altura, se construye mediante pilares metálicos ligeramente retranqueados del plano de fachada y sobre los que descansan las cerchas metálicas, que soportan los forjados de cubierta.

En su vacío interior se encuentran, tres piezas: una cilíndrica y totalmente exenta, otra, un paralelepípedo adosado a las fachadas exteriores en dos de sus caras y una tercera, mas esbelta y liviana, que en forma de torre cuadrada, aloja las circulaciones verticales. Entre ellas se encuentra el gran volumen vacío de la plaza elevada o vestíbulo del pabellón.

Desde el vestíbulo se percibe el espacio interior del gran cajón, así como el volumen de las piezas ya descritas.

La relación entre el espacio interior y exterior del pabellón y sus piezas interiores, queda ambiguamente establecida.

En su vacío interior se encuentran, tres piezas: una cilíndrica y totalmente exenta, otra, un paralelepípedo adosado a las fachadas exteriores en dos de sus caras y una tercera, mas esbelta y liviana, que en forma de torre cuadrada, aloja las circulaciones verticales. Entre ellas se encuentra el gran volumen vacío de la plaza elevada o vestíbulo del pabellón.

Desde el vestíbulo se percibe el espacio interior del gran cajón, así como el volumen de las piezas ya descritas.

La relación entre el espacio interior y exterior del pabellón y sus piezas interiores, queda ambiguamente establecida.

La nitidez de la forma y el clarísimo orden de la estructura de pilares y vigas, se contrapone a la libertad con la que se disponen las piezas interiores. Se establece ahí otra de las relaciones que tensionan el espacio interior del pabellón.

Los elementos constructivos son igualmente utilizados para proporcionar tensión al edificio: el vidrio de los grandes muros cortina desarrollados con la tecnología de acero o las grandes celosías de cubierta, se oponen, dialogando con ellos, a la piedra del zócalo exterior y del pavimento del vestíbulo.

Texto: JUNQUERA ARQUITECTOS

palacio deportes gijón

Proyectado por Salvador Pérez Arroyo, el Palacio de Deportes de Gijón cuenta con 14.000 m2 construidos, está dotado con una pista central con un aforo para 5.000 espectadores y una pabellón auxiliar divisible en tres módulos con una pequeña grada con capacidad para 500 personas. Además, cuenta con sala de halterofilia, sala de musculación, 2 pistas de squash, sala de billar, sala de boxeo, sala de esgrima y un tatami. También cuenta con un aula de formación y una cafetería que se abre en los grandes eventos.

Caracterizado por su versatilidad funcional, el pabellón polivalente de Gijón despliega parte del amplio abanico de posibilidades constructivas que ofrece el acero: desde gruesas planchas que conforman los soportes en cajón del graderío, pasando por cerchas de gran canto que salvan los casi 60 metros de luz, hasta chapa nervada como elemento principal de cerramiento. Afín a la estética industrial, rasgo habitual en su trayectoria profesional, Pérez Arroyo concibe el edificio con gran racionalidad, y aprovecha la contundencia de la estructura para, a través de ella, hacer llegar la iluminación natural hasta la pista.

El edificio se divide en dos volúmenes, tratados unitariamente mediante un cerramiento de chapa plegada de acero, sólo interrumpido por la banda acristalada de la fachada norte, que marca la diferencia de altura entre ambos. En el interior, el graderío es una pieza autónoma de la caja que lo contiene.

Textos: Tectónica y Ayuntamiento de Gijón.

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